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  • Writer: Orlando Gomez
    Orlando Gomez
  • 3 hours ago
  • 2 min read

Este año volvió el Clásico Mundial de Béisbol y la República Dominicana, aunque no obtuvo los resultados deseados, se volvió a lucir ante el mundo como la potencia de ese deporte que es. Pero lo que me llama la atención no es lo que nuestros jugadores hicieron en el terreno de juego, más bien lo interesante es lo que estos hacen y representan para la República Dominicana y cada uno de los dominicanos lo que les hace más valiosos aún.


Todo el que me conoce sabe que no soy muy fanático del béisbol y que francamente no sé mucho sobre ese deporte, pero cada 3 años no puedo evitar dejarme envolver por el Clásico Mundial de Béisbol y la energía de nuestros jugadores. Durante las 2 semanas que dura el torneo no solo nos estamos dando el lujo de ver a nuestros jugadores lucirse haciendo lo que mejor saben hacer, sino que todos los dominicanos tenemos el gusto de ver nuestro retrato en la gran pantalla a los ojos de todo el mundo.


Conocemos muy bien el talento de nuestros jugadores, más aún sabemos de sus sacrificios, profesionalismo y la dedicación que ponen a su oficio. Estar en donde están ellos requiere un nivel de disciplina y entrega élite a la que solo pueden llegar una fracción del 1% de los que lo intentan, y estos no solo lo logran, sino que dentro de esa fracción del 1% élite, todos y cada uno de nuestros jugadores están en el top del 0.1%. Pero lo que nos llega al corazón, la razón por la cual el país se paraliza para verlos, es que en el fondo de todo ese trabajo y dedicación queda la realidad de que ellos comparten la experiencia nuestra de seguir siendo dominicanos. 


La alegría con la que juegan nuestros jugadores, la forma en la que hablan entre ellos y se comportan en el dugout, es tan dominicana que no importa el oficio al que nos dediquemos, la provincia en que nacimos, el barrio donde nos criamos o el país donde estemos, todos nos vemos retratados. La “chercha”, el “coro sano”, ahí es donde nuestros jugadores plantan un espejo al resto de todos los dominicanos y es donde nos vemos reflejados, y lo vemos y lo disfrutamos como corresponde, con orgullo y felicidad, porque eso es lo que no entiende el que no conoce nuestro país, de eso es lo que se pierde el turista “all inclusive”, esa es la alegre esencia de la dominicanidad.


Ver cada tres años a nuestros jugadores moviliza a todos los dominicanos no por el nombre en la camiseta, o los colores del equipo, ni siquiera la bandera o el himno, es ver el espectáculo de nuestra dominicanidad pavoneándose ante todo el mundo sin rubor alguno, con todo el orgullo y en todo su esplendor, y la alegría que dominicanos nos provoca ver eso es simplemente indescriptible.    


Para todo el que alguna vez se puso el uniforme de la República Dominicana, y muy especialmente para cada uno de los jugadores que nos representó en este Clásico Mundial de Béisbol de 2026, mis eternos agradecimientos por siempre mostrarnos como se siente el genuino orgullo de ser dominicanos.  


 
 
 
  • Writer: Orlando Gomez
    Orlando Gomez
  • 4 hours ago
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En el 2021 el Congreso aprobó, y el Poder Ejecutivo promulgó, una ley de “fomento” a la colocación de valores de oferta pública que definió un tratamiento fiscal especial para las operaciones en el mercado de valores, inexplicablemente ese régimen se estableció de manera temporal por un período de 3 años que se agotó en el 2024. Adicionalmente aquella ley definía un límite a la responsabilidad solidaria de los compradores de acciones para que estos no se vieran forzados a responder por las deudas fiscales de la compañía, límite que fue aniquilado por la Ley 25-24. ¿Qué es lo que estamos haciendo?


No obstante la temporalidad del tratamiento fiscal de la Ley 163-21 dos compañías tuvieron la osadía de colocar sus acciones en el mercado de valores, por lo que claramente el tratamiento fiscal definido en dicha ley estaba logrando su propósito. Predeciblemente, desde que este expiró con él expiraron todas las intenciones de cualquier compañía de colocar sus acciones en el mercado de valores, y las dos que sí lo hicieron ahora están atrapadas en un mercado sin liquidez.


La ley de “fomento” y el tratamiento fiscal que esta definió no era un “sacrificio fiscal” del Estado, los ingresos tributarios por la colocación de acciones en el mercado de valores previo a la ley era $0, porque la colocación de acciones era 0, tal cual como ahora viene ocurriendo luego de su expiración donde los ingresos tributarios vuelven a ser $0.


He hablado hasta el cansancio de la importancia de tener un mercado de valores dinámico y líquido, y de que las compañías dominicana cuenten con esa vía para poder acceder a capital, y esto no es un secreto para el liderazgo político o empresarial. Por lo que al final solo podemos quedarnos con la pregunta, ¿Qué es lo que estamos haciendo?


Necesitamos una ley que modifique la Ley 249-17 que regula el mercado de valores de la República Dominicana para incluir el tratamiento fiscal de las operaciones en el mercado dentro de esa ley, esencialmente calcar el tratamiento definido en la Ley 163-21 y quizás agregar algunas mejoras adicionales y hacerlo definitivo. 


Los mercados de valores no se sostienen con “fomentos” temporales como si fueran mercados callejeros o productores de huevos, estos necesitan estabilidad, predictibilidad y reglas que se sostengan a lo largo de amplios espacios de tiempo. No necesitamos “fomentar” un mercado de acciones, necesitamos tener un mercado funcional que responda a las necesidades del país, las empresas y los ahorrantes.       


Desconozco que o de donde viene el interés de aplastar el mercado de valores de nuestro país por via de un tratamiento tributario infuncional, y lo desconozco porque viendo un resultado donde el Estado no gana ni un peso en recaudaciones y el mercado queda totalmente paralizado, me cuesta encontrar un ganador, de hecho solo veo perdedores, y esos somos todos nosotros.


 
 
 
  • Writer: Orlando Gomez
    Orlando Gomez
  • 4 hours ago
  • 2 min read

El fin de semana nos despertamos con una nueva ofensiva de Estados Unidos e Israel a Irán la cual rápidamente escaló en un conflicto regional al esta última tomar retaliaciones contra varios países del Medio Oriente que no parecían tener conexión directa a esos ataques. Por supuesto, todo conflicto en el Medio Oriente levanta temores sobre los precios del petróleo y para República Dominicana en particular ese siempre va a ser un punto de preocupación importante. 


Tengamos claro que la preocupación por los precios del petróleo en nuestro país, aunque en parte es por el malestar social que esto implica por los combustibles usados en el transporte, se debe mayormente por su impacto en la industria y la generación de electricidad. La República Dominicana ha vivido bajo el temor a los precios del petróleo desde que este se convirtió en la principal fuente de energía del mundo hace más de un siglo. 


Nuestro país debe apuntar hacia su soberanía energética montada en su potencial para producir electricidad de energías renovables, y justo para poder realizar esto es donde entre el importante factor del desarrollo de baterías para almacenar energía. 


El almacenamiento de energía usando baterías para el uso en los sistemas de generación de electricidad es una industria en pañales pero de crecimiento extremadamente acelerado. De ser una industria inexistente hace 10 años que dió sus inicios con plantas de almacenamiento  con una modesta capacidad para 50 o 100 MW, ya hoy existen docenas de estas alrededor del mundo con capacidades que alcanzan hasta los 700 MW.


Aprovechando que se trata de una industria que todavía sigue experimentando con alternativas de almacenamiento, la República Dominicana puede cambiar su Ley General de Electricidad para no solo atraer inversiones para la instalación de baterías de almacenamiento, sino convertir al país en el arenero global para que las empresas de almacenamiento de energía experimenten con nuevas y mejores soluciones en nuestro territorio.


La República Dominicana no puede seguir dándose el lujo de depender de los vaivenes globales que inciden sobre el precio del petróleo para producir la energía que necesita. Para lograr nuestra independencia energética vamos a necesitar el despliegue agresivo de generación de fuentes renovables, especialmente solar y eólica que son las más baratas de las disponibles en el mercado. 


Pero para que ese despliegue sea efectivo, este debe venir acompañado del desarrollo de nuestra capacidad de almacenamiento de electricidad, para que este sirva de respaldo en las horas que la energía solar y eólica no estén disponibles. Y viendo los eventos recientes, necesitamos desarrollar todo esto con altísima urgencia.


 
 
 

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