- Orlando Gomez

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En la literatura y la cultura general se ha hablado bastante del famoso “excepcionalismo americano” donde Estados Unidos se visualiza a sí mismo como una nación inherentemente distinta, única y superior a las demás naciones. Aunque es menos conversado, pero muy arraigado, también existe el excepcionalismo dominicano, similar a los americanos nos entendemos como una nación inherentemente distinta y única, solo que contrario a ellos nosotros optamos por entendernos inferiores a las demás naciones.
Le atribuimos al “dominicano” la propensidad al desorden, la falta de educación, la violencia, el irrespeto a las normas, las “malas mañas” y, de manera general, todos los atributos negativos que de tiempo en tiempo vemos reflejados en nuestra sociedad. Estamos tan seguros del excepcionalismo dominicano que ya es una de las excusas más socorridas para justificar nunca impulsar las múltiples mejoras que necesitamos, porque “el dominicano no va a entender eso”.
Es una anécdota común el hablar del dominicano que sale de su país y se somete sin contemplación a todas las normas de la nación que visita, “mágicamente” dejando en la isla la que era su forma de ser para adaptarse a un “país con reglas”, pero que una vez vuelve a la República Dominicana inmediatamente retoma el “salvajismo” exactamente donde lo había dejado.
Es tiempo que vayamos dejando detrás la excusa del excepcionalismo dominicano para justificar el hacer nada. No es “magia” que adoptemos una forma distinta de comportarnos cuando estamos acá y otra cuando salimos del país, tampoco es único en la República Dominicana el desorden, la violencia o la falta de educación. Debemos entender que no somos excepcionales y que en todas las sociedades al igual que en la nuestra también se cuecen habas, en muchos casos la diferencia no está en las personas o el gentilicio, a veces ni siquiera en la educación, sino en como diseñamos nuestra estructura institucional y física.
Los dominicanos somos seres humanos como cualquier otro, y actuamos en base al ambiente en el que nos desarrollamos. Si nuestro entorno está diseñado para incentivar el desorden, si nuestras leyes están pobremente estructuradas al punto donde su incumplimiento es más barato que su cumplimiento, y si las instituciones son las primeras en quedar atrapadas en sus propios absurdos, por supuesto que eso va a fomentar lo que tenemos.
Ya basta de usar nuestro gentilicio y el excepcionalismo dominicano como excusa para no hacer lo que nuestra sociedad necesita, no somos subhumanos ni menos que nadie en este planeta y realmente nos merecemos la oportunidad de vernos como iguales al resto y en base a ello actuar conforme.
En otro espacio hablé de lo mucho que República Dominicana ha mejorado en las últimas décadas no obstante nuestro pesimismo cultural, y eso es un testimonio de lo que somos capaces de lograr si dejamos de fabricar excusas para nosotros mismos. Tenemos limitaciones, por supuesto, pero al igual que toda la raza humana de hoy y la que ha existido por milenios, lo que nos va a destacar es como las logramos superar, y para ello debemos dejarnos de ver como mediocres excepcionales.

