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  • Writer: Orlando Gomez
    Orlando Gomez
  • 6 hours ago
  • 2 min read

En la literatura y la cultura general se ha hablado bastante del famoso “excepcionalismo americano” donde Estados Unidos se visualiza a sí mismo como una nación inherentemente distinta, única y superior a las demás naciones. Aunque es menos conversado, pero muy arraigado, también existe el excepcionalismo dominicano, similar a los americanos nos entendemos como una nación inherentemente distinta y única, solo que contrario a ellos nosotros optamos por entendernos inferiores a las demás naciones.


Le atribuimos al “dominicano” la propensidad al desorden, la falta de educación, la violencia, el irrespeto a las normas, las “malas mañas” y, de manera general, todos los atributos negativos que de tiempo en tiempo vemos reflejados en nuestra sociedad. Estamos tan seguros del excepcionalismo dominicano que ya es una de las excusas más socorridas para justificar nunca impulsar las múltiples mejoras que necesitamos, porque “el dominicano no va a entender eso”. 


Es una anécdota común el hablar del dominicano que sale de su país y se somete sin contemplación a todas las normas de la nación que visita, “mágicamente” dejando en la isla la que era su forma de ser para adaptarse a un “país con reglas”, pero que una vez vuelve a la República Dominicana inmediatamente retoma el “salvajismo” exactamente donde lo había dejado.  


Es tiempo que vayamos dejando detrás la excusa del excepcionalismo dominicano para justificar el hacer nada. No es “magia” que adoptemos una forma distinta de comportarnos cuando estamos acá y otra cuando salimos del país, tampoco es único en la República Dominicana el desorden, la violencia o la falta de educación. Debemos entender que no somos excepcionales y que en todas las sociedades al igual que en la nuestra también se cuecen habas, en muchos casos la diferencia no está en las personas o el gentilicio, a veces ni siquiera en la educación, sino en como diseñamos nuestra estructura institucional y física.


Los dominicanos somos seres humanos como cualquier otro, y actuamos en base al ambiente en el que nos desarrollamos. Si nuestro entorno está diseñado para incentivar el desorden, si nuestras leyes están pobremente estructuradas al punto donde su incumplimiento es más barato que su cumplimiento, y si las instituciones son las primeras en quedar atrapadas en sus propios absurdos, por supuesto que eso va a fomentar lo que tenemos. 


Ya basta de usar nuestro gentilicio y el excepcionalismo dominicano como excusa para no hacer lo que nuestra sociedad necesita, no somos subhumanos ni menos que nadie en este planeta y realmente nos merecemos la oportunidad de vernos como iguales al resto y en base a ello actuar conforme.


En otro espacio hablé de lo mucho que República Dominicana ha mejorado en las últimas décadas no obstante nuestro pesimismo cultural, y eso es un testimonio de lo que somos capaces de lograr si dejamos de fabricar excusas para nosotros mismos. Tenemos limitaciones, por supuesto, pero al igual que toda la raza humana de hoy y la que ha existido por milenios, lo que nos va a destacar es como las logramos superar, y para ello debemos dejarnos de ver como mediocres excepcionales.


 
 
 
  • Writer: Orlando Gomez
    Orlando Gomez
  • 6 hours ago
  • 2 min read

Este fin de semana Viktor Orbán finalmente fue expulsado del gobierno de Hungría gracias al resultado de unas elecciones históricas para ese país. El que será el nuevo Primer Ministro húngaro, Péter Magyar, ganó en una plataforma anti-corrupción y establecer una línea menos confrontacional con la Unión Europea. Orbán era considerado por muchos el “último dictador de Europa” por lo que su salida es una buena noticia para la democracia en el viejo mundo y es un golpe especialmente demoledor para el dictador ruso Vladimir Putin y cualquier día malo para Putin es un día bueno para el resto del mundo. 


Durante más de una década Rusia y Vladimir Putin se han dado a la tarea de esparcir su cáncer de corrupción anti-democrática en todos los rincones del mundo donde se lo han permitido. Viktor Orbán es una de las caras más visibles de esa campaña de influencia rusa, y en su rol de defender los intereses de Rusia dentro de su rango de influencia, logró desacelerar y en muchos casos detener las acciones de la Unión Europea para asistir en la defensa de Ucrania. 


El resultado de las elecciones de Hungría pone fin al legado de Orbán tanto de corrupción en Hungría como de obstruccionismo en el seno de la Unión Europea. Aunque aún tengo mis reservas respecto de Magyar, espero que como mínimo este cumpla sus promesas de campaña más básicas y dejar que Hungría no siga siendo la piedra en el zapato de Europa.


Pero, como indica el título de este artículo, esta es apenas una pequeña victoria en un campo mucho más amplio de interferencia rusa. Robert Fico, el Primer Ministro de Eslovaquia, quien ha demostrado ser otro tonto útil de Vladimir Putin desde su elección en 2023 va a conservar su posición hasta por lo menos el 2027, y es perfectamente posible que este radicalice su posición dentro de la Unión Europea ahora que no va a poder usar a Orbán como escudo para defender sus posiciones.        


Más aún, quedan muchos partidos y fuerzas políticas con conexiones rusas en Europa con la suficiente popularidad como para sumarse a la red de corrupción anti-democrática que viene construyendo Rusia. Esto incluye, pero no se limita a, la AfD y Die Linke en Alemania, la Rassemblement Nacionale de Francia, la Lega Nord de Italia, VOX y el independentismo catalán en España, entre más de los que me gustaría ver sumados a la traición de los valores de sus naciones. 


Eso dicho, estamos en los tiempos donde las victorias de los principios liberales y democráticos son esporádicas y muy separadas entre si, por lo que hay que tomar y celebrar las buenas noticias que sí se manifiestan ya que, después de todo, vivimos en los tiempos de los hombres débiles. Por lo que envío mis felicitaciones a todos los habitantes de Hungría y, con todo mi corazón, espero que este cambio venga con muchas cosas positivas para su país y el progreso de Europa como unión, el mundo democrático desesperadamente lo viene necesitando. 


 
 
 
  • Writer: Orlando Gomez
    Orlando Gomez
  • 6 hours ago
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Hoy se cumple un año de la tragedia del Jet Set, y ha sido un año donde se ha hecho muy visible la gravedad del hecho vista desde los ojos de la ciudadanía y como esta contrasta con lo muy poco que el Estado dominicano ha podido responder ante la misma. La falta de respuestas rápidas adecuadas ante eventos de esta naturaleza no es particularmente extraordinaria, pasa hasta en las sociedades más desarrolladas, pero luego de un año ya es tiempo de que empecemos a ver acciones más concretas para resarcir el daño provocado y mitigar los riesgos de que algo así vuelva a repetirse. 


No deseo disminuir las acciones inmediatas tomadas por el Estado ante la tragedia. La respuesta de los equipos de rescate en su momento fue ejemplar y debe ser motivo de orgullo a todos los que participaron en ella, por igual el soporte inmediato a las víctimas y familiares a través de la intervención sociofamiliar ejecutada por múltiples entidades del Estado fue una luz en uno de los momentos más oscuros de nuestra nación. Pero debimos tener claro como país que las heridas de esa tragedia iban a ser enormes, y que todo eso, aunque extremadamente valioso en su momento, no iba a ser suficiente.


El primer punto de partida debió haber sido un reconocimiento de responsabilidad por parte del Estado de lo ocurrido. Indistintamente de la responsabilidad penal perseguida contra Maribel y Antonio Espaillat por parte del Ministerio Público, el Estado debió reconocer su responsabilidad por no haber tenido los controles adecuados para evitar que algo de esa magnitud ocurriera. Sea por falta de base legal, asignación de roles, definición de responsabilidades, incumplimiento de lo poco que existiera, o por falta de presupuesto, la omisión estatal que permitió que un establecimiento que albergaba a más de 300 personas colapsara, debió ser reconocida, y entendiéndose esa gravedad se debió actuar.


Una vez reconocida la responsabilidad del Estado (Gobierno, Congreso, Alcaldía y el Poder Judicial) se debió crear un fondo de indemnización para los familiares de los fallecidos y los sobrevivientes, que en el curso de este tiempo estuviera definiendo la forma adecuada de resarcir los daños a todas las víctimas. Más aún, pasó un año y aún no tenemos una reforma legislativa que designe roles y responsabilidades claras en la supervisión continua de todas las edificaciones que lo ameriten por su capacidad, no solamente para las que se encuentren en proceso de construcción.     


Por su lado el Ministerio Público le ha dado un trato al caso del Jet Set como si fuera una más de sus cacerías agotando el mismo guión predecible, solicitando prisiones preventivas, solicitando declaratorias de caso complejo, y el mismo blah, blah, blah que le suele dar largas a lo que no lo amerita. Mientras tanto en ningún momento este públicamente ha manifestado su interés de definir un responsable de la supervisión y definir una acción penal por esa omisión, sea en el Gobierno Central o en la Alcaldía. 

  

No dudo por un segundo que todos y cada uno de los que vivimos en este país, dentro y fuera del Estado, comprendemos la gravedad de lo que ocurrió el pasado 8 de abril, es un día que de una forma u otra todos llevamos marcado. Pero debemos esforzarnos para que esa gravedad que resulta tan evidente en lo personal se traduzca hacia lo institucional, si algo debemos ganar de todo lo ocurrido es ese entendimiento institucional, es lo mínimo que le debemos a todos las personas que perdimos ese día.


 
 
 

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